La tarde se desborda en ayeres,
el clima está cambiando.
Los ultimos
rubios rayos de sol
aun consiguen ser peinados
por los bostezos
de los pequeños en sus cunas.
Estiran los brazos,
los alisan.
Filtrándose van, por la cortina de diamantes
al anochecer.
Las brisas traen fragancia antigua,
arrastran hadas del ocaso.
Ellas dejan su rastro
en el barro del camino,
y un indicio de danza
con las puntas de sus pies
que con dificultad tocan el suelo.
Las horas avanzan
por la vereda, igualmente.
Calla,
silencio.
Solo se escuchan
-luego de los suspiros reprimidos-,
las últimas gotas caer
y el rocío
anunciando la mañana.
(Solo_Agua, texto agregado el 23-09-2014)
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