lunes, 27 de febrero de 2017

Efecto insomnio

Esta noche no hay grillos, sin embargo se escucha un chillido como de docenas de voces de grillos. No hay grillos, porque yo reconozco el canto de los grillos. Generalmente son armoniosos de uno o dos cantando en mi ventana en este tiempo de lluvias. Definitivamente éstos no son grillos, o por lo menos no son cantos; yo más bien diría que son voces. Son pequeñas vocecitas que al unísono intentan aturdirme. Están a punto de lograrlo. ¿Pero, por qué lo hacen?

Giro de un lado al otro, me reacomodo, tapo mis oídos con la almohada. Tengo mis ojos apretados, sudo frío. Casi conteniendo la respiración como si con eso…¿se han ido? Sí, se han ido…ya no se escucha nada. Silencio.

Siento como si el eco de ese ruido se me hubiera quedado grabado. Estoy inquieta, temo que en cualquier momento se escuche de nuevo. Hago memoria auditiva y recuerdo cómo sonaba. Abro los ojos, pongo atención. No. El ruido no se acerca, no lo veo llegar. Sin embargo estoy segura que si me distraigo y me quedo dormida…no… ¡Sí, ahí está de nuevo, lo sabía!

(Solo_Agua, 13 de julio 2013)

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