lunes, 27 de febrero de 2017

15 de septiembre 2015

La semilla que dormía ha despertado.
No ha muerto, no morirá
si la tibieza de tu entraña le da vida.

Deja que florezca en tí,
deja que la bañe el sol de la esperanza.
Trabaja, inculca, contagia, ama, palpita;
para que no hayan más días sombríos,
para que no haya tinieblas por ausencias.

El cielo se vistió de lentejuelas y plegarias;
aun la noche que pareciera más oscura
brilló de terciopelo y diamantina.

Cantaron al unísono las voces,
nuestras gargantas juntas en un grito,
un clamor que nace desde el alma,
anhelo que se eleva y engrandece.


Es tu labor procurar que sean así todos los días.
Texto agregado el 17-09-2015

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