Siempre a estas horas quiero
acompasar a la tuya, mi respiración. Es el silencio de la calle, la oscuridad de mi cuarto, las paredes, pálidas vírgenes de esta piel. Es ese estante ausente de muñecas. Es la puerta a la que no corrí el cerrojo, espectante. En el pasillo un eco tarareando, mis ojos cerrados imaginantes que te inventan... Será que no existes. |
Texto agregado el 05-12-2017
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